En un vagón de tren un borracho irrumpió con violencia.

Empujó a una madre con su bebé y quiso patear a una señora anciana.

Los pasajeros miraban atónitos la escena y uno de ellos se puso de pie.

Lo hizo desafiante y el borracho también lo percibió.

Ese jóven pasajero era un estudiante de aikido y creyó que esta era una oportunidad de enfrentar la situación.

En su disciplina, su maestro le había dicho que ellos practicaban el arte de la reconciliación, sin buscar la pelea:

“Quien tiene la intención de luchar ha roto su conexión con el universo. Nosotros estudiamos cómo resolver conflictos no como iniciarlos”.

Cuando el borracho se estaba acercando al joven pasajero, un anciano lo llamó.

Sus palabras eran tranquilas y la atención del ebrio captó. Empezaron a hablar y todo se revirtió.

¿Qué le dijo ese anciano que todo calmó? ¿Qué pudo comprender el joven de lo que vivió?

Una hermosa historia que nutre la inspiración de ser mejores personas en toda ocasión.

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