Mientras caminaba por un supermercado, escuché una voz por detrás: “Abuelita, ¿estás segura de que no tengo suficiente dinero para comprar una muñeca?”

La anciana respondió: “Oh, cariño, sabes que no tienes suficiente dinero. Espera aquí. Encontraré algo más barato”.

Entonces ella se fue, y el niño pequeño se quedó parado allí, todavía sosteniendo la muñeca.

Viendo eso, caminé hacia él y le dije: “¿Vas a darle esto a alguien?”

El respondió: “Sí, es la muñeca que más amaba mi hermana y que tanto quería para la Navidad. Estaba segura de que Santa Claus se la traería”.

Le dije alegremente: “Oh, entonces no te preocupes, querido. Estoy seguro que Santa Claus se la traerá después de todo”.

Pero él tristemente contestó: “No, Santa Claus no puede llevársela a donde está ahora”.

Tengo que darle la muñeca a mi mamá para que se la dé a mi hermana cuando vaya allí”…

Entonces sus ojos parpadearon: “Mi hermana se ha ido con Dios.

Y papá dice que mamá también verá a Dios muy pronto,

así que pensé que podría llevarse la muñeca con ella para dársela a mi hermana”.

Mi corazón casi se detiene.

El niño pequeño me miró y continuó,

“Pero le dije a mamá que no se fuera todavía y que espere a que vuelva del centro comercial”.

Entonces me mostró una foto muy bonita de él riéndose y me dijo,

“Quiero que mamá se lleve una foto consigo para que así no me olvide.

Ojalá no tuviera que dejarme,

pero creo que tiene que ir allí para cuidar de mi hermanita”…

Luego con ojos tristes volvió a mirar a la muñeca.

Rápidamente busqué mi billetera, le agregué algo de mi dinero sin que él lo viera y le dije,

“Vamos a contar de nuevo, ¿sí? Por si llegases a tener suficiente dinero”.

“OK”, dijo.

Entonces lo contamos juntos, y había suficiente dinero para la muñeca e incluso algo de sobra.

El niño exclamó: “¡Gracias Dios!” Luego me miró y agregó,

“Anoche le recé mucho por esta muñeca para que mamá se la diera a mi hermana. ¡Me escuchó!”

También quería comprar una rosa blanca para mi mamá, pero no me atrevía a pedirle demasiado a Dios,

¡Y me ha dado suficiente para la muñeca y la rosa blanca! A mi mamá le encantan las rosas blancas”.

Unos minutos más tarde su abuela regresó y yo me fui pensando,

“Gracias niño, por cambiar totalmente mi día.

“Tu amor por tu madre y tu hermana fue y es realmente inimaginable”…”

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